Hace tan sólo unos días, dentro del contexto de una webinar organizada por el grupo de investigación que versaba sobre el contexto clínico del efecto placebo y nocebo y que fue expuesta de manera magistral por nuestro colega y amigo Giacomo Rossettini, surgió una conversación en la que creo que se extraen unas ideas muy nutritivas como para no plasmarlas en un post de éste blog.

Partiendo de la base de que cualquier acción terapéutica que nosotros realizamos lleva implícito en cierto modo un efecto placebo, cabe plantearse ¿de qué sirve la evidencia científica de nuestros tratamientos, si en definitiva, el efecto del tratamiento que yo haga va a estar en gran medida determinado por otros factores de contexto que nada tienen que ver con la eficacia de mis técnicas?

A todos nos ha sucedido alguna vez, el escuchar historias sobre chamanes y curanderos que han resuelto grandes dolencias de amigos y/o familiares que si no fuese por nuestras fuertes convicciones científicas, pudiéramos haber estado tentados de acabar creyendo que ponerte un limón en la cabeza o colgarte una roca de cuarzo del cuello podría ser suficiente para curar una migraña o un dolor lumbar crónico.

 Después de escuchar la charla de Giacomo, no quedó duda de la apabullante evidencia que existe a cerca del gran poder terapéutico del efecto placebo y de cómo tomarte unas pastillas que tan solo llevan agua y azúcar pueden modificar estados de ánimo depresivos, reducir edemas inflamatorios o incluso “prevenir” un resfriado.

Por éste motivo y en un intento de perseguir el sentido ético de nuestra profesión, cabía preguntarse si sería correcto hacer partícipe al paciente de los posibles efectos placebo de nuestro procedimiento terapéutico y de cómo éste podría influir positivamente en percepción de mejoría.

En mi opinión, es muy saludable profesionalmente. Contar al paciente que cualquier procedimiento terapéutico lleva implícito un efecto placebo y que éste va a estar sujeto a factores contextuales en muchas ocasiones difíciles de controlar, y que los efectos reales (no sujetos a la secreción de endorfinas) se pueden ver en un medio-largo plazo produce una gran tranquilidad como profesional sanitario y a su vez, favorece una gran adherencia al tratamiento por parte de nuestros pacientes.

Ahora mismo, seguramente te estarás preguntando al igual que yo…

¿qué ocurriría si al paciente al que le impones las manos sin tocarle le contaras que estás intentando vehiculizar la energía vibracional del universo a través de tus manos pero que no existe ningún argumento biológico que lo justifique, y que si nota alguna mejoría se deberá SOLO y EXCLUSIVAMENTE el efecto placebo?

¿Qué ocurriría si yo dijese a mi paciente que voy a intentar moverle las suturas craneales y así normalizar el ritmo del flujo del líquido cefalo-raquídeo pero que nadie a día de hoy ha conseguido demostrar en un entorno controlado científicamente que tal cosa sea mínimamente posible y que si nota la más mínima mejoría solo puede deberse al efecto placebo?

¿Qué ocurriría si yo le contase a mi paciente que le voy a administrar unas bolitas de azúcar bañadas en agua aprovechando la memoria milenaria que tienen las moléculas de H2O que van a inducir una respuesta en su organismo por “no se sabe aún muy bien qué mecanismo” y que va a notar mejoría s pero sólo debido a su efecto placebo?

No tengo más preguntas señoría.

Alberto Carlos Muñoz Fernández

Fisioterapeuta

Miembro del Grupo de Investigación Dolor Musculoesquelético y Control Motor de la Universidad Europea

Bibiografía

Testa M, Rossettini G. Enhance placebo, avoid nocebo: How contextual factors affect physiotherapy outcomes. Man Ther. 2016 Aug;24:65-74. doi: 10.1016/j.math.2016.04.006. Epub 2016 Apr 20. PMID: 27133031.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27133031/

Rossettini G, Camerone EM, Carlino E, Benedetti F, Testa M. Context matters: the psychoneurobiological determinants of placebo, nocebo and context-related effects in physiotherapy. Arch Physiother. 2020 Jun 11;10:11. doi: 10.1186/s40945-020-00082-y. PMID: 32537245; PMCID: PMC7288522.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32537245/

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