Como sabemos, la Fibromialgia es una enfermedad de etiología aún desconocida, caracterizada por dolor crónico generalizado. Además, estos pacientes también suelen presentar otros síntomas asociados como trastornos del sueño, rigidez, fatiga, así como síntomas de ansiedad y depresión, entre otros(1). 

Se estima que esta enfermedad afecta al 2-4% de la población general y si bien es cierto que puede aparecer en todos los grupos edad, la prevalencia máxima suele situarse entre los 40 y 50 años de edad, afectando a mujeres en el 80-90% de los casos(2). 

Es fácil observar las consecuencias de la sintomatología característica de la enfermedad en la calidad de vida de las pacientes, viéndose reducidas sus actividades tanto laborales como sociales, lo que puede acentuar su malestar o sufrimiento, por lo que es fundamental buscar la mejor terapia para intentar mejorar su calidad de vida. Sin embargo, ya que, como se comentó anteriormente, las causas de la Fibromialgia son desconocidas, el tratamiento es únicamente sintomático, cuyo objetivo principal es aliviar las manifestaciones clínicas de la enfermedad. Por ello, para que éste sea beneficioso se requiere un enfoque multidisciplinar, combinando el tratamiento farmacológico con terapias no farmacológicas como la educación terapéutica, la terapia cognitivo-conductual y el ejercicio terapéutico(3). Este último, como competencia de la fisioterapia, es primordial para mitigar los efectos de toda la sintomatología presente en estas personas, contribuyendo a mejorar su calidad de vida. 

Se ha observado que el ejercicio aeróbico de intensidad moderada, 50-70% de la frecuencia cardíaca máxima, realizado 2-3 veces/semana durante 30-60 minutos, resulta ampliamente beneficioso para las pacientes con fibromialgia, principalmente con el objetivo de disminuir el dolor y los síntomas depresivos, siendo, quizá, esto último más notorio si la actividad se realizara en grupo, ya que las sesiones grupales o colectivas facilitarían la socialización. Sin embargo, aunque el ejercicio aeróbico suele ser el más recomendado, también se ha observado que los ejercicios de fortalecimiento muscular o de resistencia son efectivos para reducir el dolor, la fatiga y los síntomas de ansiedad y depresión, lo que contribuye a mejorar la calidad de vida(4). 

Es lógico que, desde la perspectiva de la fisioterapia, lo que más interesa sea el alivio de los síntomas o de dichas manifestaciones clínicas de la enfermedad, sin embargo, resulta igual de interesante ver cómo afecta este tratamiento o terapia a uno de los posibles mecanismos fisiopatológicos implicados en la enfermedad. 

Hasta el momento, no se conoce con exactitud estos posibles mecanismos fisiopatológicos, no obstante, en los últimos años se han propuesto diversas hipótesis como la sensibilización central, alteraciones psicológicas y/o psiquiátricas y alteraciones del sistema inmune(4). En relación a este último, algunos autores(5) han observado que las pacientes con fibromialgia presentan una mayor producción, por parte de monocitos, de citocinas implicadas en la inflamación (IL-1β, TNF-α, IL-6, IL-10 e IL-18). Concretamente, en un estudio se comparó esta producción de citocinas en mujeres con fibromialgia en comparación con controles sanas, pareadas en edad, tanto antes como después de una única sesión de ejercicio aeróbico moderado en cicloergómetro. Los resultados mostraron que, en estado basal, las pacientes con fibromialgia presentaron un aumento de la liberación de estas citoquinas en comparación con las mujeres sanas. Sin embargo, mientras que una única sesión de ejercicio aeróbico moderado en cicloergómetro elevaba la producción de dichas citoquinas en el grupo control, en las pacientes con fibromialgia se producía el efecto contrario. En vez de aumentar el estado inflamatorio previo tras el ejercicio, éste provocó una disminución de la inflamación basal, alcanzando valores similares a las mujeres sanas. Esto podría indicar que sesiones únicas de ejercicio aeróbico moderado en cicloergómetro pueden mejorar el estado inflamatorio en pacientes con fibromialgia.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que, no está aceptado que la fibromialgia sea un estado inflamatorio, aunque es cierto que las hipótesis etiopatogénicas actuales incluyen un estado inflamatorio crónico sistémico y local acompañado de una respuesta al estrés alterada(5). 

Desgraciadamente, no hay muchos estudios que evalúen cómo afecta el ejercicio al sistema inmune de las pacientes con fibromialgia y además estos estudios no son muy recientes por lo que resultaría de gran interés que futuros estudios se enfocaran en conocer cómo influye la realización de diferentes tipos de ejercicio a la respuesta inmunitaria, además de al alivio de los síntomas y mejora de la calidad de vida de estas pacientes. Este estudio de la respuesta inmune se podría enfocar no sólo en la respuesta innata tras un protocolo de una única sesión o de varias sesiones de ejercicio, sino también la respuesta adaptativa tras un programa de varias semanas de ejercicio que incluya tanto ejercicio aeróbico como de fortalecimiento muscular. 

Loles Sosa Reina

Miembro del Grupo de Investigación Dolor Musculoesquelético y Control Motor de la Universidad Europea

BIBLIOGRAFÍA

  1. Crofford LJ Psychological aspects of chronic musculoskeletal pain. Best Pract Res Clin Rheumatol. 2015:29(1):147-55.
  2. Gamero Ruiz F, Gabriel Sánchez R, Carbonell Abello J, Tornero Molina J, Sánchez Magro I. El dolor en las consultas de Reumatología Españolas: Estudio epidemiológico EPIDOR. Rev Clin Esp. 2005;205(4):157-63.
  3.  Arnold B, Häuser W, Arnold M, Bernateck M, Bernardy K, Brückle W, et al. Multicomponent therapy of fibromyalgia syndrome. Systematic Review, meta-analysis and guideline. Schmerz 2012:26(3):287-90.
  4. Sosa MD. Actas de 29 Jornadas de Fisioterapia 2019. Ejercicio Terapéutico. Efectividad del ejercicio terapéutico en pacientes con Fibromialgia. Madrid: Escuela Universitaria de la Once, Universidad Autónoma de Madrid; 2019.
  5. Bote ME, García JJ, Hinchado MD, Ortega E. Fibromyalgia: anti-inflammatory and stress responses after acute moderate exercise. PLoS ONE. 2013;8(9):e74524.

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