“Algunas cosas pueden parecer nada y lo son todo. Hay que saber ver, aprender a apreciar lo menudo y a despreciar lo que solo hace bulto. Nada que parece grande ni que reluce en exceso tiene gran validez. Lo bueno es aquello que sin grandes destellos lo llena todo”.

Carmen Laforet.

Desde tiempos pretéritos, la fisioterapia ha consistido en un conjunto de técnicas pasivas (muchas de dudosa evidencia) aplicadas a personas tumbadas, que se quitan la ropa de un golpe cual bailarín, y que solo se levantan cuando la marca en la cara por el agujero de la camilla surca sus líneas faciales.

Una fisioterapia en la que el reposo del paciente y el “toma mi patología, cúramela” formaban parte de la obligación en el tratamiento mientras que, dicho profesional sanitario sucumbía a los devenires del tiempo, la evolución natural, y por qué no al destino, para rezar por una solución que fuera más allá del corto plazo.

Una manera de actuar perpetrada, no por el paciente, sino por todos los profesionales sanitarios englobados en el sistema musculo- esquelético, la traumatología, la rehabilitación y, como no, a día de hoy, internet.

Una doctrina estipulada sobre las bases que se describían hace 100 años y que, a día de hoy, son del todo incorrectas, desfasadas e incompatibles con la realidad científica.

Desde hace mucho tiempo ya, la ciencia respalda la importancia del trabajo activo, el ejercicio terapéutico, como una herramienta básica y necesaria para la recuperación y, sobre todo, el mantenimiento del paciente a tiempos que discurren más allá del corto plazo.

Una evidencia científica capaz de refutar que es fundamental el ejercicio terapéutico, pero no como siempre (no vale eso de tres series/ tres veces al día después de las comidas, como si fueran las pastillas) sino que puntualiza y con gran hincapié, la importancia del tratamiento individualizado, la prescripción detallada y única por paciente y momento de la lesión y, cómo no, los beneficios de esta práctica tanto a nivel local como sistémico.

Dicho esto, es lógico y evidente que la situación tiene que cambiar ya.

Hemos mantenido un modelo desfasado durante el espacio que hay en la historia entre dos grandes pandemias….

¿Y si cambiamos antes de que llegue la siguiente?

No lo pongo tan difícil, ni tan arriesgado, ni hace falta mas de una vida para ello así que no me vengan con excusas tipo “no me da la vida”, o, “no tengo tiempo” que eso ya se lo oigo decir a los pacientes a diario.

Por un lado, el paciente primero tiene que ser educado en este proceso claro está, y eso, lleva su tiempo. 

Educarle en el esfuerzo, la actitud, la reflexión de que la lesión es suya y no del profesional sanitario… a que entienda que yo no puedo contraer sus músculos ni generar un plan motor de calidad en su corteza cerebral, si él no decide activarla.

Es un trabajo arduo y tedioso, pero cuando uno se esfuerza porque lo integre resulta emocionante ver lo fácil que es y, sobre todo, los beneficios que tiene por ambas partes la consecución del plan de trabajo.

Alguien a quien admiro, aprecio y quiero, siempre dice eso de “no haces ejercicio hoy porque el no hacerlo no te mata mañana”.

Que, si te dijeran que mañana te mueres, saldrías líder de la maratón de Nueva York incluso saliendo desde España corriendo, pero como esto no es así, pues ya si eso empiezas otro día.

Pero háganme caso, solo se trata de educar y de tener paciencia, como cuando uno educa un hijo o espera el día ideal para realizar una escalada a una montaña.

¿Pero…y que pasa con nosotros?

¿Como diría aquel…que hay de lo mío?

Pues es muy simple, vamos a bajarnos ya del pedestal que estamos y dejar de creernos capaces de todo solo por el mero hecho de aparentar una sapiencia que no tenemos.

Dejar de pensar que podemos curar todo, de todas las especialidades posibles, gracias al batiburrillo de cosas que vemos durante nuestra formación académica de grado. 

Es frecuente en nuestro mundo, no decir que no tratamos algo por el simple argumento de pensar que diciendo “no me siento capacitado para ello por conocimiento” nos hace peores profesionales, al contrario, creo que cuando apostamos por la humildad salimos ganando los tres (el paciente, el compañero capacitado para ello y por supuesto, uno mismo).

Créeme eso te honra y desde luego, lejos de hacerte peor fisioterapeuta, te engrandece como tal.

Pero si hablamos de ejercicio, la cosa coge tintes aún mas trágicos, no solo por lo anteriormente citado sino porque promulgamos encima a los cuatro vientos y, de manera injuriosa cual Joseph Goebbels, nuestro juicio de valor al “intruso”, generando una constante “noche de los cristales rotos” contra los profesionales formados en ciencias de la actividad física y deporte como si su conocimiento fuera solo fruto de propaganda barata y, su cualificación para desarrollar el ejercicio, solo un burdo comentario de una raza inferior cuya “solución final” se limita a la ya famosa y triste frase (pero modificada) de “ el deporte os hará libres”.

¿De verdad te crees en disposición de decir que sabes de ejercicio?

¿Te has apartado las pelusas del ombligo para poder afirmar que tienes suficientes conocimientos?

¿O por el contrario no sabes, pero no lo dices por ese complejo que tenemos de superioridad “aria” frente a las demás profesiones que tienen relación?

Pues para muestra este magnífico botón científico…

Realizaron un estudio con mas de 1700 profesionales de la salud y 1352 fisioterapeutas de 56 paísesdonde, a través de una encuesta, pretendieron determinar el conocimiento y las competencias percibidas de los fisioterapeutas en la prescripción de ejercicios aeróbicos y entrenamiento de resistencia, e identificar oportunidades de desarrollo profesional.

Los resultados mostraron que el 60% de los fisioterapeutas pueden establecer correctamente las pautas de actividad física de la Organización Mundial de la Salud, pero solo el 37% pueden establecer correctamente el contenido de las mismas.

La mayoría de los fisioterapeutas creen que la prescripción de ejercicio terapéutico en pacientes es función suya pero solo del 38 al 50% de ellos creen estar capacitados para prescribir y progresar en los ejercicios.

El estudio también concluye que tan solo un 20% de ellos tiene conocimiento de ejercicios específicos de entrenamiento aeróbico y de resistencia, lo que destaca una importante discrepancia entre el conocimiento percibido y el real.

Respecto al método de aprendizaje, la mayoría piensa que mediante talleres o cursos de formación podrían mejorar sus competencias y habilidades.

También destacan en la encuesta, que la falta de tiempo en consulta y las barreras en cuanto a recursos, juegan un papel importante en el desarrollo de una prescripción de ejercicio exitosa.

Por lo que concluyen que, un aumento de recursos, tiempo y formaciones académicas pueden ayudar en gran manera a los profesionales a prescribir intervenciones de ejercicio a personas con dolor músculo- esquelético.

Ahora que has leído esto… ¿Sigues pensando lo mismo?

¡¡Espabila!! Busca y fórmate, ten argumentos para tratar a tu paciente con ejercicio y deja de quejarte intentando implantar tus propias leyes de Nuremberg para con los demás que ellos no tienen la culpa de que, por luchar por sus derechos, tú les azotes con un “zyklon b” de absurdas manifestaciones de ego.

Al final de todo esto, el paciente siempre pierde y no se merece estar en medio de esta guerra mundial que te has montado tu solo por conquistar el mundo que miras por encima del resto desde tu “centro de fisioterapia Treblinka”.

“Algunas cosas pueden parecer nada y lo son todo. Hay que saber ver, aprender a apreciar lo menudo y a despreciar lo que solo hace bulto. Nada que parece grande ni que reluce en exceso tiene gran validez. Lo bueno es aquello que sin grandes destellos lo llena todo”.

Carmen Laforet.

Andrés Quevedo García.

Fisioterapeuta.

Grupo de investigación dolor músculo- esquelético y control motor.

Un comentario sobre “¡¡Espabila!! No siempre que veas las siglas RM significa Real Madrid

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