“A menudo en los más oscuros cielos es donde vemos las estrellas más brillantes”.

Richard Evans

Esta terminando el 2020, un año en el cual han ocurrido numerosos acontecimientos de importancia. Seguramente si miráramos con lupa a cada uno de los países que forman este planeta, podríamos citar numerosos de estos eventos. Pero si dentro de unos años nos preguntan…¿que ocurrió en el 2020?…lo primero que nos viene a la cabeza es la pandemia mundial y la crisis sanitaria causada por la COVID-19. Crisis que tiene tanto impacto a nivel sanitario, económico, político y psicosocial, siendo esta ultima el motivo de este blog.

Las medidas adoptadas con el objetivo de la no propagación del virus, mantenidas en el tiempo, van a causar un alto impacto a nivel físico, psíquico y social. La soledad que muchas personas manifiestan estar padeciendo durante este periodo de su vida, la incertidumbre sobre la resolución de esta crisis o el pánico y la ansiedad que van a estar producidas por la posibilidad de enfermar y terminar con secuelas la ciencia poco a poco las va desvelando y va dando luz a una enfermedad moderna de la que aun nos queda mucho por conocer.

Se han estudiado las comorbilidades del virus, el impacto a nivel de nuestro sistema cardiovascular-respiratorio, el impacto sobre nuestro sistema nervioso central, nuestro sistema músculo-esquelético entre otros…Pero y el impacto sobre nuestra psique…¿que pasa con nuestro alma? ¿Quedan a un lado las repercusiones que tiene la cronicidad de esta situación social? ¿Que impacto psicológico va a tener el virus en las personas?Ya por marzo la OMS afirmó la importancia y el impacto que iba a tener a nivel psicológico la COVID-19. Llegando a afirmar …”es natural sentir estrés, ansiedad, miedo y soledad en estos momentos”, donde los colectivos más vulnerables serian los niños, las mujeres embarazadas y nuestros mayores. Además otros investigadores estiman que las repercusiones de la pandemia van a persistir durante meses y años.

Pero uno de los aspectos fundamentales y en el cual no vamos a entrar profundidad, es que la gente en esta era es capaz de múltiples cosas y de acceder a información que nuestros abuelos ni soñaron. Somos capaces de estar en bares, restaurantes con muchas personas, estar conectados a muchísimas personas compartiendo eventos y opiniones e incluso en diferentes zonas del mundo, pero…¿sabemos estar con nosotros mismos?

Entrando en el tema, os planteo una pregunta…¿Puede la soledad producir alteraciones a nivel psicológico? Y…¿pueden estas alteraciones estar relacionadas con el dolor músculo esquelético?

La soledad la definiremos como el estado donde estar sin compañía , aislado de la sociedad o la comunidad y Wilson et al. En 2007 lo catalogaron como factor de riesgo para muchos trastornos como depresión, ansiedad, trastorno de adaptación, estrés crónico, insomnio o incluso demencia en edad avanzada. Otros estudios, realizados durante la pandemia, añaden a las anteriormente mencionadas la sensación de angustia, miedo al contagio, la incertidumbre por la situación actual e incluso el impacto personal de las dificultades económicas.

Si hablamos de datos, en algunos estudios que analizan el impacto psicológico de esta etapa que hemos vivido con una muestra de 1210 encuestados el 54% estima un impacto moderado/severo, casi el 17% informó síntomas depresivos de moderados a graves y casi el 29% con ansiedad en el mismo baremo. Otra encuesta realizada en EEUU muestra que el 45% de los encuestados ha visto afectada su salud psicológica debido a la situación actual. Esto concuerda con la encuesta que se hace en China a nivel nacional donde de algo más de 50 mil encuestados el 35% muestran angustia psicológica.

Otro de los aspectos que se han asociado a la soledad, como factor de riesgo, son la perdida sensorial, los trastornos del tejido conectivo, alteraciones autoinmunes, trastornos cardiovasculares y la obesidad, vinculados a la falta de actividad física, que aumentan de manera significativa la probabilidad de fragilidad y el riesgo de fracturas.

Por lo que va a ser fundamental, como personal sanitario, el conocimiento de estas posibles alteraciones, y analizar el impacto que esto puede producir en nuestros pacientes de cara a hacer un buen razonamiento clínico y enfocar de manera adecuada el tratamiento.Por otro lado, se ha visto que condiciones psiquiátricas que se relacionan con el estrés y en las que incluimos los trastornos del estado de animo y las que implican el consumo de sustancias psicotrópicas pueden estar asociadas a la conducta suicida. En el mundo no se vive un acontecimiento de estas características desde el 1918, donde la gripe española mato en dos años a 40 millones de personas en todo el mundo y 300 mil en España a pesar de no ser el epicentro de la pandemia.

Pacientes de la epidemia de gripe de 1918 en el hospital estadounidense de Fort Riley, donde se registraron los primeros casos.

Durante la consecución de la Gripe española se registró un aumento muertes por suicidio que se asocian a la falta de integración social e interacción social durante este periodo, características patentes en la actual situación que vivimos. Esto hace que los investigadores se pregunten si podemos tener un aumento de prevalencia de las personas que deciden acabar con su vida durante este periodo de pandemia o vinculados al COVID-19. Existen numerosas situaciones personales plasmadas en la bibliografía científica o en el día a día con nuestros pacientes donde el miedo, el estrés, la ansiedad y la incertidumbre asociadas a esta pandemia producen un impacto altísimo en la salud mental de las personas.

Ahora bien …¿Tienen estos cuadros clínicos un impacto sobre la experiencia dolorosa?

Indudablemente y altamente contrastado con la bibliografía científica la respuesta a esta pregunta es afirmativa. Los diferentes cuadros clínicos donde las variables psicológicas están patentes se han vinculado de manera directa a la exacerbación de la experiencia dolorosa y no solo eso, sino que se ha visto en diferentes lesiones que son la clave en la cronificación del dolor.

Por lo tanto, estamos en un momento complicado donde nuestro abordaje multidimensional y la colaboración con otros profesionales va a ser fundamental ya que aquello que sienten nuestros pacientes va a estar condicionado por la situación que nos ha tocado vivir.

Carlos Barragán Carballar 

Grupo de investigación en dolor musculoesquelético y control motor UE

@TerapiamanualUE

ginvestigación.com

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