Nos encontramos viviendo un momento histórico sin precedentes, al menos para muchas personas que como yo, han tenido la fortuna de no vivir acontecimientos bélicos o pandémicos graves. Personalmente, nunca había sentido como todo el conjunto de la población hacíamos frente de manera tan unánime, solidaría y unidireccional a un problema, creo, que nunca nada nos había afectado tan por igual, sin distinciones, como lo está haciendo esta maldita pandemia.

No nos hemos dado cuenta de que el mundo está en continuo cambio. Siempre hemos vivido los cambios abruptos desde la lejanía como país occidental y desarrollado que somos, pero, de repente, sucede algo que no distingue raza, clase, país, ni hemisferio y ahora nos toca también a nosotros adaptarnos de golpe.

A priori, nos vemos obligados a cambiar totalmente nuestro modo de vida y nuestra manera de relacionarnos con el resto, así como nuestros trabajos, antes presenciales y cercanos, ahora telemáticos y sin el afecto y la cercanía que antes tenían.

Hemos parado más de medio planeta, hemos entregado nuestra libertad y nos hemos plegado sin fisuras a una situación totalmente nueva, y necesaria, con la loable finalidad de evitar el contagio exponencial y con ello salvar el mayor número de vidas.

¿Y ahora qué?

¿Qué pasará después de este “cautiverio”, de este encierro, de esta distancia que, para nosotros, fisioterapeutas, es lo antagónico a nuestro día a día?

Bien, a propósito de lo que nos está tocando vivir, quiero escribir sobre un concepto del que se habla últimamente mucho, ya que, de manera consciente o inconsciente, lo estamos experimentando, sufriendo y aprendiendo mucho: LA EMPATÍA, e Intentar responder a la pregunta, yendo hasta ese deseado momento en el que hayamos superado todo esto y volvamos a ver y a tocar a nuestros pacientes.

La mayor parte de la ciudadanía, incluyéndome a mí mismo, cree que la empatía es la capacidad de ponernos en el lugar, o en “los zapatos” de otra persona, de entender lo que está sintiendo y por lo que está pasando, pero como todo, es algo más complejo, de hecho lo es tanto, que a pesar de las innumerables investigaciones al respecto a día de hoy sigue siendo un concepto ambiguo sin un consenso global para los expertos(1,2), Y es que como decía Repetto Talavera: “Quien hoy se asome al fenómeno de la empatía tiene el riesgo de perderse ante la diversidad de las concepciones existentes”.

Para empezar es una capacidad que compartimos, en alguna de sus formas, los mamíferos, pero dentro de éstos, solo los delfines, los elefantes, y los grandes primates  comparten con los humanos la capacidad de llevar a cabo este constructo que es la empatía de una manera compleja.(3)

Debido a la falta de consenso y multitud de enfoques, nos encontramos un panorama muy difuso que no ayuda al trabajo de investigación que se viene desarrollando estas últimas décadas. Mi sensación personal es que existe una carrera por ver quien se erige como el iluminador del concepto, el que dé luz y unifique todas las corrientes en una, de manera que no voy a ser yo quien dé una definición única de empatía, aunque si aportaré ciertos matices que no son bien conocidos a pesar del gran uso que hacemos de la palabra.

Uno de los matices que más me ha llamado la atención es la separación que hacen varios autores en sus obras. Por un lado, explican que existe una empatía emocional, innata, independiente de la experiencia, que no controlamos, que se da sin avisar, esa sensación profunda que nos sorprende haciendo propio el sentimiento de otra persona. Es una modalidad o una subdivisión del constructo que incluso relacionan de manera acertada con las neuronas espejo(4), y que el gran Eduard Punset, en su programa redes, asemejaba a la sensación de enamoramiento(5). Por otro lado de manera sucesiva a esta revelan una empatía cognitiva, donde entran en juego las capacidades de cada uno para entender y conocer los sentimientos del otro y nuestras experiencias previas, para dar forma  y construir esa experiencia empática final.(6)

Otro dato curioso es que el término como tal es muy joven, no encontramos referencias hasta finales del siglo XIX, y es que hasta esto resulta difuso de determinar para los científicos. Hay quien están de acuerdo en que el término proviene de la palabra alemana “einfühlung”, que quiere decir “sentirse dentro de algo o alguien”. Titchener lo tradujo al inglés en 1909 como “empathy” con el fin de utilizarlo en el campo de la psicología, apoyándose en la palabra griega “empátheia” que quiere decir padecimiento o sentimiento(7).

Aunque no tengamos una definición única ni un concepto perfectamente establecido de empatía, en términos generales todas las investigaciones y corrientes de pensamiento la exponen como la habilidad de reconocer al otro como semejante, para entender sus sentimientos y generar una respuesta afectiva consecuente, constituyendo una condición indispensable para el desarrollo del ser humano en sociedad, haciéndonos ser más humanos, más personas y más nosotros mismos.

Dicho esto, todos estamos de acuerdo en que cualquier sanitario debe de tener una más que considerable capacidad empática para desempeñar su trabajo con profesionalidad. Son muchas las investigaciones que relacionan esta capacidad con un mejor resultado de los tratamientos, así como una mayor satisfacción del paciente en la relación con su terapeuta, e incluso con un mejor cumplimiento de las pautas terapéuticas por parte del paciente. En conclusión, la empatía es capaz de optimizar esa alianza terapéutica que es tan fundamental a la hora de tratar a un paciente por parte de cualquier profesional sanitario. Y nosotros compañeros, los y las fisioterapeutas, hemos demostrado tener unos de los mayores niveles de empatía clínica dentro del conjunto de profesionales sanitarios, solo superados por médicos psiquiatras y médicos pediátricos.(8)

Nuestro presente está marcado por el Coronavirus, y cuando volvamos a trabajar tendremos que hacer frente no sólo a esa incertidumbre diaria que son nuestros pacientes, sino que tendremos que tener muy en cuenta que esas personas y sus patologías, además de los problemas cotidianos, estarán afectadas por este episodio vital que vivimos y sobrevivimos. Muchos pacientes vendrán sufriendo procesos psicológicos muy complejos, como puede ser el duelo por la pérdida de un familiar cercano, de quien quizás no pudo despedirse; muchos vendrán con marcados cuadros de ansiedad por haber perdido su trabajo o su negocio, o incluso por haber roto o empeorado relaciones de pareja, por no hablar de la cantidad de pacientes que padecerán dolencias a consecuencia de la falta de buen ejercicio y movimiento.

Es por todo esto que creo que, aunque vengan tiempos difíciles para los fisioterapeutas que trabajamos de forma privada, ante todo hemos de afrontarlos desde la empatía hacía nuestros pacientes más que nunca, promulgando la necesidad imperiosa, de colaborar estrechamente con nuestros compañeros/as psicólogos/as, intentado de una vez por todas desestigmatizar y honrar su profesión, dándoles toda la importancia que se merecen en la mejora de la calidad de vida de la población, así como por abogar y apostar por un futuro en el que los equipos multidisciplinares marquen la pauta.

Hasta entonces, a alimentar nuestra empatía.

Pablo Cañada Sanchez

Fisioterapeuta experto en TMO

Miembro del grupo de investigación en dolor Musculoesquelético y Control Motor.

BIBLIOGRAFIA

  1. López MB, Filippetti VA, Richaud MC. Empatía: Desde la percepción automática hasta los procesos controlados. Av en Psicol Latinoam. 2014;32(1):37–51.
  2. Cuff BM, Brown SJ, Taylor L, Howat DJ. Empathy: a review of the concept CURVE is the Institutional Repository for Coventry University Empathy: A Review of the Concept. 2015;(February). Available from: http://dx.doi.org/10.1177/1754073914558466http://curve.coventry.ac.uk/openhttp://emr.sagepub.com/content/early/2014/12/01/1754073914558466
  3. De Waal FBM, Preston SD. Mammalian empathy: Behavioural manifestations and neural basis. Nat Rev Neurosci [Internet]. 2017;18(8):498–509. Available from: http://dx.doi.org/10.1038/nrn.2017.72
  4. Moya-Albiol L, Herrero N, Bernal MC. Bases neuronales de la empatía. Rev Neurol. 2010;50(2):89–100.
  5. Redes – Nuestro cerebro altruista – RTVE.es [Internet]. [cited 2020 Apr 19]. Available from: https://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-nuestro-cerebro-altruista/731612/
  6. Preston SD, Ermler M, Lei Y, Bickel L. Understanding empathy and its disorders through a focus on the neural mechanism. Cortex [Internet]. 2020; Available from: https://doi.org/10.1016/j.cortex.2020.03.001
  7. Cortés F. Empatía – Dicciomed: Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico [Internet]. 2014 [cited 2020 Apr 19]. Available from: https://dicciomed.usal.es/palabra/empatia
  8. Starr JA, Holmes MB, Riley E, McDonnell B, Driscoll L, Camarinos J, et al. A Quantitative Measurement of Physical Therapists’ Empathy and Exploration of the Relationship With Practice Setting and Work Engagement. Eval Heal Prof. 2019;

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