No… esta vez no voy a hablarte de datos científicos ni recursos terapéuticos, tampoco voy a darte información sobre los últimos avances en neurociencia o las técnicas más contrastadas para aplicar en nuestros pacientes…  probablemente lo que te voy a contar, no cumple ninguna de las expectativas que esperabas al introducirte en este link, ansioso por encontrar información útil que poder aplicar en tu día a día…

Sin embargo… hoy más que nunca quiero dirigirme a ti, ya que como fisioterapeuta convives con personas que sufren dolor y has decidido afrontar la responsabilidad de acompañarles en su andadura.

Hace mucho tiempo leí en un maravilloso libro del autor David Hume, que las competencias de cualquier profesional se encontraban definidas en la regla de las tres “C´´, descritas de la siguiente manera:

                                                   Conocimiento: Saber

                                                Capacidad: Saber Actuar

                                             Comportamiento: Saber Ser

Hoy quiero utilizar esta representación para reflejar exactamente lo que desde mi experiencia personal ha sido y es, el Máster de Terapia Manual Ortopédica en el Dolor de la Universidad Europea de Madrid.

Y quiero hablarte de ello desde la posición que me otorga haberlo vivido en primer lugar como alumna y actualmente como docente, haciéndolo con la mayor humildad y respeto hacia el proyecto académico, pero con la convicción plena de que divulgar y compartir propuestas formativas rigurosas, que traen consigo historias de crecimiento y desarrollo profesional replicables, es indudablemente una de mis competencias profesionales en la actualidad.

Asumo el riesgo que conlleva una exposición tan directa y aparentemente altanera del proyecto al que pertenezco, pero me ilusiona hoy en día poder compartir con aquellos que buscan respuestas, que se sienten inseguros o que simplemente no cesan en el deseo de crecer y dar lo mejor de sí cada día en sus consultas, el resumen de lo que me ha aportado cursar este Máster, ya que gracias a que yo también lo escuché en su día pude avanzar en mi trayectoria.

Finalmente, con este escrito, también me gustaría invitar a todos aquellos compañeros que conozcan proyectos del mismo valor a que lo compartan, que lo divulguen y que nos den la oportunidad a todos de poder sumarlo en nuestro camino.

“ Todo comenzó el día posterior a mi graduación, tras la enorme alegría por haber terminado de forma exitosa la carrera que había elegido y hacia la que sentía una vocación irracional, vinieron los miedos, la inseguridad y las dudas… llegaba mi primer día de trabajo, la primera paciente con dolor que tenía que atender sola, una persona rodeada de incertidumbre que esperaba mi respuesta y que confiaba en mis competencias como profesional, en mis 3 “C´´.

Justo en ese momento comenzaron a invadirme una serie de preguntas para las que no tenía respuesta: ¿Qué es el dolor? ¿Cómo fisioterapeuta, qué puedo hacer por él? ¿Cómo le explico a esta persona lo que le ocurre sin ampliar su miedo? ¿Debo ser sincera si no sé abordar sola este problema? ¿En caso de necesitarlo, debo recomendarle acudir a otros compañeros que amplíen su diagnóstico? ¿Qué hago si me cuenta problemas personales que van más allá de su dolor? ¿Voy a saber identificar las causas de su problema y tratarlas de forma adecuada? ¿Le provocaré secuelas después de mi tratamiento? ¿Le haré daño?

En definitiva, todas estas preguntas se podían resumir en una sola, ¿tengo los recursos y competencias necesarios para poder cumplir con mi responsabilidad como fisioterapeuta y profesional sanitario? tras ella… comenzó una incansable búsqueda de respuestas.

 

Cada día me sentía muy bien con los pacientes, era feliz con mi profesión y cumplía con uno de los grandes placeres de la vida, realizarse. Sentía que les trataba de la mejor forma que sabía, probablemente lo que nos diferencia cuando comenzamos nuestro recorrido profesional es esa tercera C, el Saber Ser, y que lamentablemente con los años tenemos que pelear por seguir manteniendo. Pero me faltaba algo importante,  algo en mi interior me decía que tenía que hacer cambios para optimizar ese sentimiento, para que eso pudiese ser más visible y me hiciese sentir plena, las otras “C´´, me faltaba crecer en el Saber y en el Saber Actuar.

Y llegó el día donde formalicé la matrícula en el Máster de Terapia Manual Ortopédica en el Dolor de la Universidad Europea de Madrid, tras una jornada impartida por su director, donde me surgieron muchas más preguntas de las que yo me planteaba pero que sin duda iban unidas a la motivación de querer resolverlas. La confianza de aquellos que me apoyaban para poderlo cursar, la gran exigencia económica que conllevaba y las complicaciones logísticas y laborales que tenía que compaginar lo planteaban inicialmente como un intenso reto.

Durante todo ese curso académico, apenas tuve la oportunidad de reflexionar sobre la transformación que estaba viviendo personal y profesionalmente, la urgencia con la que vivimos el día a día a veces nos limita esa posibilidad, pero sin duda fue un gran punto de inflexión en mi vida, porque lo que comenzó a ser constatable, era el aumento de confianza que los pacientes que atendía ganaban en su recuperación y la transformación que se iba produciendo en su calidad de vida de forma sostenida. El vínculo terapeuta-paciente había dado un giro.

Siendo sincera, no creo que mi comportamiento fuese lo que cambió, hoy simplemente creo que dejé de tener miedo a sentir dudas, a comunicarles con honestidad mis limitaciones o a equivocarme dentro de unos parámetros éticos adecuados. Creo que completé un poco más mis otras “C´´, el Saber y el Saber Actuar.

Pero… ¿quién alimentó ese proceso?

Fue sin duda el Máster. Ese año, conocí profesores que se desgastaban en sus clases por tratar de hacernos comprender la importancia de preguntarse el por qué de las cosas; profesores, que se implicaban dentro y fuera del aula por transmitir sus conocimientos de una forma cercana y sencilla, para que otros que teníamos un nivel de conocimiento muy inferior pudiésemos sentirnos capaces; profesores, que nos invitaban a exprimirles a preguntas en sus tiempos de descanso, apasionados por poder divulgar todo aquello que conocían; personas humanas de carne y hueso, a las que admirábamos, pero que se acercaban a nosotros para hablarnos de la realidad del día a día, de la importancia de leer artículos científicos de calidad, de acudir a congresos profesionales, y sobre todo,  de cuidar la profesión respetando a todos y cada uno de los compañeros que formaban parte de ella… en definitiva, profesores que nos enseñaban a Saber Actuar.

Paralelamente aprendí conocimientos, conseguí encontrar respuestas a muchas de las preguntas que me hacían los pacientes acerca de su experiencia de dolor, sumé recursos que hasta ese momento eran desconocidos para mí y me permitían identificar, e incluso abordar, los procesos concomitantes que tenían valor en su problema, aspectos que me habían superado tiempo atrás, como eran las variables psicológicas que podían influirles y cómo evaluarlas, conocer los efectos reales de las técnicas que yo aplicaba o seleccionar adecuadamente  los test diagnósticos que me permitían aplicar un tratamiento en base a una hipótesis justificada… Con ellos, aprendí un poco más del Saber y de cómo seguir buscándolo cada día.´´

Y el tiempo pasó… terminé mi experiencia como alumna y posteriormente tuve la oportunidad de participar activamente de este proyecto que marcó mi vida… comenzando desde la base, trabajando duro y alimentándome de todos los compañeros que me rodeaban…

Hoy, me siento orgullosa del sentimiento de pertenencia que tengo hacia este gran modelo académico, y especialmente, hacia el equipo de compañeros que lo conformaron en su momento y que lo continúan actualmente, porque al igual que damos voz a aquellos aspectos negativos que identificamos en nuestras trayectorias, ¿por qué no gritar con la misma fuerza hacia aquellos que nos ayudan en positivo?

El Máster de Terapia Manual Ortopédica en el Dolor UEM, continúa hoy su recorrido con otra regla, esa que hemos descubierto poco a poco y con la que nos sentimos identificados, la regla de las cuatro “D´´, nuestra regla:

 

 Deseo: por construir, creando sinergias entre compañeros

       Decisión: actuando, aprendiendo de los errores con el máximo respeto

  Disciplina: dedicando el tiempo necesario, con esfuerzo y sin atajos

Determinación: persistiendo y trabajando juntos, en equipo, confiando y cuidando el proyecto común, buscando incansablemente nuevas fórmulas que lo mejoren y hagan crecer de forma rigurosa, basados siempre en la evidencia científica

Gracias a todos los que un día fuisteis mis profesores y me inspirasteis,  gracias a los que actualmente sois mis compañeros y me acompañáis, gracias por cambiar mi forma de vivir esta magnífica profesión.

Alexandra Alonso Sal,

Ex – alumna y Profesora del Máster de Terapia Manual Ortopédica en el Dolor.

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