Desde siempre, uno de los aspectos que más ha apasionado a los fisioterapeutas ha sido el conocimiento de la anatomía. Nos ha sido atribuido siempre la capacidad de “sentir” y “ver” a través de nuestras manos lo que nuestros pacientes tenían debajo de la piel. Éstos “poderes especiales” a los que muy poca gente tenía acceso, nos ha puesto en el centro de una cierta creencia popular de que somos unos seres que han podido desarrollar una especial “hiper-percepción” que nos hace conocer exactamente cómo es la anatomía de una persona con sólo ponerle la mano encima.

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En la Universidad, hemos sido instruidos en aquello que se llama la anatomía palpatoria y es algo que hemos integrado a fuego en nuestra mente como un Golden standard para saber qué le duele exactamente a nuestro paciente y además, cómo podemos tratarlo manualmente de manera directa.

Por desgracia, o afortunadamente, todo lo que en fisioterapia tiene algo de “mágico”… es falso… y ésta nuestra mágica percepción, también.

Son ya numerosos estudios los que ponen en duda la fiabilidad inter-examinador de muchos test que requieren la “palpación” por parte de los fisioterapeutas. Tenemos dificultad para determinar en modo más o menos exacto el movimiento de una articulación que sabemos que se mueve… no hablemos ya de suturas craneales, fascias, y liquidos…

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10029942

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12734016

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18984245

 

Hoy en día, más que nunca, necesitamos que nuestra práctica clínica, esté inundada de objetividad y para ello necesitamos mediciones objetivas. No es posible medir de manera fiable con nuestros sentidos. Sabemos que nuestro cerebro “rellena” la realidad que percibimos a través de nuestros sentidos para poder ofrecer una información más menos coherente al individuo. Esto nos lleva a veces a “sentir, oler, ver o escuchar” cosas que no coinciden de manera exacta con la realidad. Se conoce como pareidolia.

 

A veces pienso cuántas veces a lo largo de mi carrera profesional he estado convencido de palpar el tendón de la cabeza larga del bíceps, el psoas a través del abdomen, un engrosamiento tendinoso, una rotura muscular que no existía o una disminución del pulso radial en un paciente con sospecha de compresión del plexo braquial…

 

Gracias al desarrollo, hoy tenemos herramientas que nos permiten avanzar en la medición y objetivación de muchas de aquellas estructuras que hace tan sólo unos años podíamos solo percibir a través de nuestra caprichosa imaginación.

 

Gracias a la ecografía, entre otras cosas, hoy podemos medir y cuantificar una contracción muscular, podemos medir el deslizamiento de un nervio, medir el grosor de un tendón y estudiar su morfología.

 

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29986192

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26894091

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29205610

 

Es posible imaginar un futuro no muy lejano en el que podamos medir de manera fiable, la elasticidad o rigidez de un tejido, medir su impedancia, medir el movimiento de tejido, medir el flujo sanguíneo de un vaso en riesgo de compresión. Es necesario que los fisioterapeutas con vocación investigadora, nos pongamos manos a la obra para crecer en ésta línea tan apasionante e innovadora que nos puede permitir avanzar y despojarnos en la medida de lo posible de las aproximaciones sensitivo-emocionales que dominan muchas de nuestras intervenciones.

 

Alberto Carlos Muñoz Fernández

Grupo de Investigación en Dolor Musculoesquelético y Control Motor

tmouniversidadeuropea@gmail.com

 

 

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