Bench: a long work table in a workshop or laboratory. La mesa corrida del laboratorio, la “poyata”, ese espacio de trabajo donde manipulamos las muestras y reactivos procedentes de los estudios de investigación.

Bedside: the space beside a bed. El espacio junto a la cama. El lugar junto al enfermo en el que surgen las dudas, los problemas y los retos que nos llevan a embarcarnos en las preguntas de investigación con el objetivo de resolver aspectos prácticos de la clínica.

From bench to bedside. Investigación traslacional. Así definíamos hace años (10, 15, quién sabe cuántos) nuestros proyectos cuando solicitábamos financiación en las convocatorias oficiales y no sabíamos muy bien a qué nos referíamos pero sí que denominarlos así nos daba puntos para conseguir que financiaran nuestros proyectos. O eso nos decían los más sabios del lugar, los “senior”, los que se reunían de vez en cuando con las autoridades competentes en investigación para establecer las líneas estratégicas de nuestros centros de trabajo.

Decíamos que hacíamos investigación traslacional sin saber muy bien qué significaba. Se supone que la investigación traslacional es aquella en la que los conocimientos básicos, los que provienen de la investigación básica son aplicados en la investigación clínica, la que realizan los médicos en las diferentes salas del hospital con los enfermos o pacientes (o los sujetos de los estudios).

Hace años (10, 15, quién sabe cuántos) se suponía que los investigadores básicos estábamos obligados a justificar nuestra tarea investigadora desde el punto de vista de la aplicabilidad que iban a tener los conocimientos y que los clínicos por el contrario, simplemente por el hecho de hacer investigación aplicada no tenían que justificar lo que hacían desde un punto de vista conceptual, ya que el conocimiento proveniente de la investigación clínica confería un estatus de evidencia suficiente para influir en la práctica diaria. Este era el panorama que vivimos durante mucho tiempo los que nos dedicábamos a la investigación biomédica desde un lado o desde el otro. Se supone que todos estábamos en el mismo barco y sin embargo nos sentíamos muy lejos los unos de los otros, los clínicos de los básicos.

Pacientes frente a modelos animales. Estudios epidemiológicos frente a cultivos celulares. ¿Por qué no éramos capaces de verlo todo desde el mismo prisma, de englobarlo en el mismo paquete, de generar conocimiento científico juntos? Básicamente porque no entendíamos el contexto de la investigación biomédica como uno solo. Mientras los básicos nos encerrábamos en los laboratorios ajenos a la realidad de los pacientes tratando de demostrar mecanismos en modelos poco realistas, los clínicos intentaban demostrar qué tratamientos eran más efectivos para sus pacientes sin tener en cuenta mecanismos que podían mejorar considerablemente el resultado.

En este sentido, el año pasado un grupo de investigadores de The Jackson Laboratory publicaron un comentario en la prestigiosa revista Cell refiriéndose al antiguo “bench to bedside” en la era de la tecnología de secuenciación genómica en el que declaraban: “Interactions between basic and clinical researchers should be more like a ‘virtuous cycle’ of bench to bedside and back again”. Es decir, la transferencia de información no puede hacerse solo en un sentido. Tiene que haber una comunicación real entre la investigación básica y la clínica en la que, mediante un feed-backcontinuo, realmente seamos capaces de compartir la información sobre los mecanismos de la enfermedad y el desarrollo de nuevos tratamientos.

Pero ¿qué ocurre con la Fisioterapia? ¿No os suena esto demasiado? Claramente estamos en el mismo punto (o incluso en uno mejor) en una disciplina que necesita generar conocimiento en muchas áreas y en muchos aspectos no solo relacionados con la eficacia de las intervenciones, sino con los mecanismos fisiopatológicos que pretenden tratar estas intervenciones. Tal vez estemos en un momento histórico privilegiado en el que aprovechar las circunstancias nos pueda llevar a generar evidencia de calidad, algo muy necesario por otro lado. No podemos desaprovechar la oportunidad de aprender de la experiencia de otras disciplinas con más experiencia en investigación biomédica y empezar a establecer una transferencia real entre la investigación básica y la clínica en fisioterapia. Una transferencia en ambas direcciones, en la que el conocimiento de los mecanismos fisiopatológicos nos pueda llevar a encontrar dianas terapéuticas reales y así poder desarrollar intervenciones que traten la patología desde el punto de vista de la lógica de la plausibilidad.

Hay mucho que hacer: dolor crónico, enfermedades degenerativas del sistema nervioso y el sistema musculoesquelético, los efectos del envejecimiento en la calidad de vida, ejercicio terapéutico que está demostrando que podría ser la solución para numerosas patologías, intervenciones muy novedosas y patologías que necesitan ser redefinidas y acotadas. Pongámonos manos a la obra cuanto antes de la mejor manera posible para generar evidencia de calidad: from bech to bedside to bech.

Leticia Martinez-Caro, PhD
@let_mcaro

Grupo de investigación en dolor Músculo Esquelético y Control Motor

tmouniversidadeuropea@gmail.com

REFERENCIA

Manolio TA, Fowler DM, Starita LM, Haendel MA, MacArthur DG, Biesecker LG et al. Bedside Back to Bench: Building Bridges between Basic and Clinical Genomic Research. Cell, 2017; 169 (1): 6 DOI: 10.1016/j.cell.2017.03.005

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