La semana pasada tuve la ocasión de colaborar con la docencia en el Master de Terapia Manual de la Universidad Europea. Tenía que hablar de comunicación. De comunicación en Fisioterapia. Tenía que enseñar algunas de las cosas que he aprendido a lo largo de los años sobre la comunicación a un grupo de alumnos entusiastas. A unos fisioterapeutas dispuestos a mejorar, no solamente sus conocimientos técnicos sino también el contexto y el modo en el que aplicar parte de esos conocimientos. Y digo que tenía que enseñar, pero sobre todo tuve la ocasión de aprender.

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Aprendí de un grupo de compañeros que tuvieron la buena disposición de aceptar el juego, de ponerse en juego. La comunicación tiene mucho de ciencia, desde los estudios pioneros de Broadbent y los axiomas de Watzlawiack hasta las teorías más actuales, la comunicación puede ser abordada de una manera académica, científica y teórica. Para eso están los libros y los artículos científicos. Durante 15 horas y junto con los compañeros fisioterapeutas (todos aprendiendo de todos) jugamos con la comunicación. Convertimos un puzle en un paciente, unos folios en una metáfora del razonamiento clínico, unas cuerdas y unas pelotas en la relación que entablamos con nuestros pacientes.

Y reflexionamos sobre todo ello. Comunicamos. Nos convertimos de repente en una comunidad. No porque estuviésemos juntos en el mismo sitio y a la misma hora, sino porque se desarrollaron intereses comunes, porque los objetivos se compartieron, porque hubo motivos y no razones.

Como comenté a los participantes al principio del curso no existe una comunicación en fisioterapia. Existen habilidades comunicativas, que los fisioterapeutas deben conocer, aprender y desarrollar. Y desarrollar esas habilidades, tal y como quedó claro a lo largo de esas horas, no quiere decir prestar menos atención a nuestras capacidades técnicas, a nuestras habilidades de razonamiento, sino situarlas en un contexto que las refuerce y las mejore.

Por mi parte el objetivo de la formación se alcanzó con creces. Profesionales que se ponen en el otro lado. Que son capaces de reconocer los errores que cometemos a menudo, que escuchan al otro no para darle una respuesta sino para validar sus opiniones. Profesionales que se emocionan con su trabajo y que son capaces de emocionar, de escuchar, de empatizar con sus pacientes. Gracias por dejarme aprender a vuestro lado.

 

Luis Torija

Fisioterapeuta

Grupo de Investigación en Dolor Musculo-Esquelético y Control Motor

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